¿Imaginas un mundo en el que los recursos naturales sean finitos y existan personas que quieran lucrar con ellos a costa de la salud de los demás? Este es el mundo que nos presenta “El Lorax: En busca de la trúfula perdida”, con una premisa no muy ajena a nuestra propia realidad.

En la película conocemos a un joven llamado Ted, quién está enamorado de una chica de su misma ciudad; un lugar donde todo es artificial, el césped, los árboles e incluso, el aire. Es precisamente ella quién tiene la primera “chispa” de interés por descubrir la naturaleza, por lo que nuestro protagonista decide encontrar un árbol real, y es en su búsqueda que encuentra a un sujeto extraño fuera de la ciudad. Él le cuenta la historia de cómo su ambición terminó con todos los árboles del valle, a pesar de los consejos de una de las criaturas del bosque, llamada “Lorax”.

A través de flashbacks alternados con el presente, entendemos el origen de esta sociedad artificial en la que podemos darnos cuenta de que sus habitantes no valoran el medio que les rodea mientras la economía siga creciendo y puedan sacar provecho de ella. Es con este crecimiento económico y posterior agote de los recursos naturales que aparecen próximos personajes dispuestos a hacer del deterioro ambiental un negocio.

Algo que podemos escuchar constantemente a lo largo de la cinta es una frase que dijo Dr. Seuss -el creador del Lorax- “A menos que alguien como tú se preocupe realmente, nada va a mejorar”. El sentido de esto lo vemos en la cinta como un atisbo de esperanza donde, a menos que alguien “plante una semilla” para que a otras personas les importe lo que está sucediendo, nada va a mejorar. Aunque el cambio parezca pequeño e insignificante puede llegar a ser el inicio de algo muy importante.

El mensaje de esta película infantil también logra resonar en nuestra realidad. El proceso que vive Chile con la carencia de agua, la falta de abastecimiento continuo para usos personales y domésticos y la negación a su acceso para algunos, atentando directamente contra el desarrollo de la vida en condiciones dignas.

Además, el Código de Aguas que se formuló durante la dictadura en 1981 –y que sigue absolutamente vigente–, considera a las aguas como un bien social, pero también como un bien económico, dando el privilegio al Estado de conceder los derechos de aprovechamiento de aguas a entes privados de forma gratuita y a perpetuidad, dando origen al mercado de las aguas. Al igual que en la película, alguien se adueñó de algo de lo que antes teníamos libre acceso, a costa de todos nosotros.

La película está cargada de intenciones, evidenciando las consecuencias ambientales de las acciones irresponsables de los seres humanos, pero también habla de que es posible cambiar el rumbo de las cosas si cambiamos nuestros hábitos. Ahora solo queda preguntarnos ¿Cuáles son los límites del crecimiento económico y cómo podremos llegar a lograr un equilibrio mientras aprovechamos los recursos naturales?

  • Director: Chris Renaud
  • País: Estados Unidos
  • Elenco: Danny DeVito, Zac Efron, Betty White y Taylor Swift
  • Género: Animación, Musical, Familiar
  • ¿Dónde ver?: Netflix

 

Referencia: https://www.ciperchile.cl/2012/02/17/la-privatizacion-de-las-aguas-en-chile-viola-los-derechos-humanos/