La contaminación por plástico pasó de 2 millones de toneladas en 1950 a 348 millones en 2017, convirtiéndose en una industria mundial valorada en 522.600 millones de dólares, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y se espera que se duplique su cantidad de aquí al 2040.

Los impactos de la producción y contaminación plástica son una catástrofe en ciernes en el contexto de crisis climática y ecológica. La exposición a los plásticos perjudica la salud humana, y puede afectar la fertilidad, la actividad hormonal, metabólica y neurológica, mientras que la quema abierta de plásticos contribuye a la contaminación del aire. Además, cada año llegan al océano unos 11 millones de toneladas de residuos plásticos y más de 800 especies marinas y costeras se ven afectadas por esta contaminación, principalmente por ingestión y  enredo

Para frenar este problema, se ha enfatizado en la necesidad de cambiar hábitos y sistemas económicos, sin embargo, durante el último tiempo hemos sido notificados de algunos aliados biológicos que podrían ser útiles para combatir la contaminación plástica, tales como la bacteria Ideonella sakaiensis 201-F6 capaz de digerir el plástico de un solo uso, como el de las botellas de refrescos (polietileno tereftalato, PET), descubierta por un equipo de científicos japoneses. La enzima clave en este proceso de degradación es la PETasa, que actuaría dividiendo las moléculas del plástico de tal forma que estas bacterias puedan absorberlo.

De igual forma, se ha estudiado la habilidad de los hongos para degradar poliuretano en superficies sólidas y líquidas, la cual fue confirmada el 2011 por investigadores de la universidad de Yale (EE.UU) y San Antonio Abad del Cusco (Perú). El hongo Aspergillus tubingensis también fue aislado por científicos de Pakistán para evaluar su capacidad de degradar el poliéster poliuretano (PU). Para lograr aquel objetivo, se cultivó el hongo en un medio líquido durante varios meses, período tras el cual el poliuretano se había descompuesto en trozos más pequeños.

Existe también el gusano de la harina (que en realidad es la larva del escarabajo Tenebrio molitor), que puede alimentarse de espuma de poliestireno (plástico usado, por ejemplo, como aislante) y sobrevivir igual que si lo hace con su dieta normal, el salvado. La capacidad de estas larvas de degradar el plástico fue demostrada en 2015 por científicos chinos de varias universidades, que comprobaron cómo, en un período de 16 días, el 47,7% del carbono de la espuma de poliestireno ingerido se convirtió en CO2.

Contar con un aliado natural en el fondo marino sería funcdamental. Si bien está más que comprobado el impacto negativo de los microplásticos en el ecosistema marino y en los organismos y microorganismos que lo habitan, científicos de la India, Sudáfrica y Malasia han descubierto que existen microalgas en Malasia que pueden contribuir a la biodegradación de desechos de plástico en el medio marino, donde las enzimas que sintetizan las microalgas debilitan los enlaces químicos del polímero del plástico.

Respecto a las innovaciones tecnológicas, la empresa IBM se encuentra desarrollando robots microscópicos para limpiar el océano con la idea de soltarlos en diversas masas de agua para realizar una monitorización constante y en tiempo real del estado del agua. Así, con los datos que se obtengan sea posible predecir fenómenos como las floraciones algales nocivas y resultaría útil a la hora de valorar los daños producidos por el vertido de productos tóxicos o contaminantes. 

Asimismo, existe un dron acuático denominado “Waste Shark”, encargado de patrullar el puerto de Rotterdam en búsqueda de plástico, perteneciente a la empresa RanMarine tecnology, una compañía holandesa especializada en la creación de drones autónomos que ayuden en la limpieza de los océanos. Inspirado en la forma de alimentarse del tiburón ballena, el dron tiene la capacidad de recolectar hasta 500 kilos de basura flotante acumulada en el puerto.

Finalmente, otra de las iniciativas que se ha destacado el último tiempo se llama “Upcycling The Oceans” de la Fundación Ecoalf junto a Ecoembes, la cual busca transformar los residuos del mar en hilo que posteriormente son utilizados para crear tejidos.

Recordemos que el mar nos aporta oxígeno, absorbe CO2 y proporciona alimentos y medicinas, entre tantas otras necesidades fundamentales. Existen iniciativas innovadoras para reducir el plástico del mar que ojalá se repliquen en todas partes para conseguir un océano libre de plástico y una segunda vida para muchos residuos. 

 

Referencias bibliográficas

Cañete I. (3 de agosto 2018). Tecnología para acabar con el plástico de los océanos. BBVA. Recuperado de: https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/tecnologia-acabar-plastico-oceanos/

Las Ciudades Inteligentes (3 de mayo 2018). Iniciativas innovadoras para reducir el plástico del mar. Recuperado de: https://lasciudadesinteligentes.com/innovacion-tecnologica/iniciativas-innovadoras-reducir-plastico-mar/#

Mas Azul (1 de julio 2021). Algas, bacterias y hongos, nuestros aliados. Recuperado de: https://www.masazulplaneta.com.ar/2021/07/01/la-guerra-del-plastico/

Naciones Unidas (2 de marzo 2022). El mundo se une contra el plástico. Recuperado de: https://news.un.org/es/story/2022/03/1504922#:~:text=la%20producci%C3%B3n%20de%20pl%C3%A1stico%20virgen,en%20los%20pa%C3%ADses%20del%20sur