La pesca de arrastre de fondo es uno de los métodos de pesca con mayores impactos sobre los ecosistemas marinos y su biodiversidad, debido a que no solo remueve grandes proporciones de las poblaciones objetivo, sino que también, a través de la modificación de los hábitats donde opera, afecta la composición y estructura de las comunidades, las relaciones tróficas y la productividad de estos sistemas, por lo que a nivel mundial se ha regulado y limitado su uso.

Además, el uso de redes de arrastre de fondo por el sector industrial captura una importante fracción de fauna acompañante como peces, tiburones e invertebrados marinos, perjudicando negativamente a la biodiversidad. Por otro lado, el impacto sobre aves y mamíferos que forman parte de la fauna incidental podría contribuir al deterioro poblacional de especies con problemas de conservación a nivel mundial. 

En Chile, este método es empleado en diferentes pesquerías de peces como la merluza, el besugo y el congrio, y de crustáceos demersales como el camarón nailón y el langostino. En la mayoría de los casos, el estado de los recursos marinos capturados con este método han alcanzado niveles de sobreexplotación o agotamiento.

La pesca de arrastre es un método de pesca activo, ya que requiere del movimiento de una o más embarcaciones para la captura de las especies objetivo. Para esto, se utiliza una red de arrastre con forma de cono que es remolcada sobre el fondo marino.

 

Esta red en específico está diseñada para capturar las especies que habitan sobre o cerca del fondo marino. De manera accesoria, en su operación se utilizan sonares para detectar las agregaciones de las especies objetivo y para fijar la ruta y profundidad del arrastre. Por otro lado, también existe la pesca de arrastre de media agua con compuertas, cuya red tiene un diseño distinto, pero también posee forma de cono y cuenta con portalones. Es utilizado para ser arrastrado en la columna de agua, principalmente en mar abierto sobre las plataformas continentales.

Este tipo de pesca es controversial por su interacción con los fondos marinos, el impacto que genera sobre las comunidades marinas y en el funcionamiento de los ecosistemas. Entre estos, se han reportado disminuciones en la biodiversidad, la alteración en la composición de especies y estructura comunitaria bentónica, reducción en la abundancia y tamaño corporal de los organismos, efectos sobre las poblaciones de especies que no son objetivo y alteraciones en las interacciones depredador-presa que cambian la estructura de las redes alimenticias.

Asimismo, la perturbación física generada sobre el suelo marino puede provocar la resuspensión de significativas cantidades de sedimentos, cambios en la textura de los sedimentos y en el tamaño de los granos, cambio de la topografía del suelo marino, reducción de la complejidad de hábitat, eliminando los refugios para especies, lo que se denomina homogeneización del hábitat. Estos cambios además pueden alterar los procesos de intercambio químico, modificando los flujos de nutrientes, productividad primaria, y materia orgánica, que en su conjunto intervienen en el funcionamiento del ecosistema.

A nivel mundial, diferentes países han establecido diversas regulaciones en el uso de redes de arrastre de fondo, con el propósito de minimizar sus impactos tales como modificaciones en el diseño de la pesca como el tamaño de luz de red, y dispositivos de escape de fauna acompañante. Si revisamos el historial de algunos países encontramos algunas acciones o regulaciones ante este tipo de pesca:

  • Bélice: Desde 2010 está prohibido el uso de arrastre de fondo en toda su Zona Económica Exclusiva, es uno de los primeros países en implementar una prohibición completa y permanente al arrastre en sus aguas.
  • Estados Unidos: Se estableció el cierre de áreas de arrastre frente a Oregón, Washington y California para proteger el hábitat de peces demersales.
  • México: Para la pesquería de la merluza del Pacífico Norte se prohibió el uso de arrastres en bahías y sistemas lagunares-estuarinos.
  • Canadá: Además de tener sistemas de áreas marinas protegidas, cuenta con otra herramienta de conservación: los “refugios marinos”, que tienen la finalidad de proteger a los ecosistemas marinos vulnerables, incluyendo bancos de corales de aguas frías y jardines de esponjas, y donde el uso de las redes de arrastre de fondo está completamente prohibido.
  • Nueva Zelanda: Cerró 1,2 millones de kilómetros de la pesca de arrastre y restringió su uso en determinadas áreas, prohibiendo la pesca de barcos mayores a 46 metros de eslora en su mar territorial.
  • China: El gobierno de Hong Kong prohibió el uso de redes de arrastre, protegiendo 1.700 kilómetros cuadrados de su mar territorial.
  • Filipinas: Se prohibió el uso completo de redes de arrastre dentro de 15 kilómetros desde la costa.
  • Países miembros de la Unión Europea: El uso de redes de arrastre de fondo está prohibido en determinadas provincias marinas para proteger los ecosistemas sensibles, incluyendo fondos con pastos marinos, campos de rodolitos y fondos de corales. Asimismo, este tipo de pesca está prohibido a menos de 1,5 millas desde la costa, a profundidades menores a 50 metros y bajo los 1.000 metros de profundidad.

En Chile, la pesca de arrastre de fondo es desarrollada por embarcaciones industriales, que generalmente poseen una eslora entre 18 y 110 metros, y que solo pueden operar fuera de las primeras 5 millas náuticas de la costa, correspondiente al Área Reservada para la Pesca Artesanal (ARPA). Su uso además está prohibido en todas las aguas interiores de las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, salvo en algunas zonas que están expresamente exceptuadas. Por otro lado, durante el año 2015 se prohibió la pesca de fondo sobre determinados montes submarinos presentes dentro de la Zona Económica Exclusiva de Chile.

Actualmente, las redes de arrastre de fondo son utilizadas en la pesquería de peces, como la merluza común (Merluccius gayi gayi), merluza de cola (Macruronus magellanicus), merluza del sur (Merluccius australis), besugo (Epigonus crassicaudus) y congrio colorado (Genypterus blacodes), como también en las pesquerías de crustáceos demersales, que incluyen al camarón nailon (Heterocarpus reedi), langostino amarillo (Cervimunida jhoni) y langostino colorado (Pleroncodes monodon).

Entre estas pesquerías, durante el 2019 la pesquería de la merluza común, merluza del sur y merluza de tres aletas fueron declaradas como “sobreexplotadas” y en el caso de merluza de cola y el besugo declaradas como “agotadas o colapsadas”.

Ante esto, resulta necesaria la implementación de análisis ecosistémicos y modelación en el proceso de manejo pesquero, que generen información que contribuya a determinar y guiar las prioridades de manejo y si bien existe una regulación sobre las características de la pesca de arrastre de fondo, son medidas que fueron decretadas hace más de 15 años, por lo que se necesita la actualización de las normativas.

Si bien la pesquería cuenta con un Plan de Manejo y se encuentra en elaboración un Programa de Recuperación, estos registran bajos niveles de implementación, dificultando una recuperación efectiva de la pesquería en el tiempo, por ello, resulta urgente los cambios en el manejo de este tipo de pesca. La prohibición del uso de redes de arrastre de fondo podría orientar a un cambio hacia otros tipos de pesca menos destructivos o impulsar el desarrollo y uso de pescas ambientalmente seguros donde sea fundamental la innovación.

No se puede continuar poniendo en riesgo la conservación de la biodiversidad y de las pesquerías para las futuras generaciones. Es necesario, por lo tanto, que los derechos económicos no estén por sobre una equitativa distribución o el rol de conservación y preservación del Estado.

 

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