En un movimiento sin precedentes, Noruega se ha convertido en el primer país del mundo en aprobar oficialmente la minería en aguas profundas a escala comercial, una decisión que ha desatado un intenso debate entre los beneficios económicos y tecnológicos frente a las preocupaciones ambientales.

La reciente votación en el Parlamento Noruego abre un área de aproximadamente 280,000 km² de su lecho marino nacional, más extensa que el Reino Unido, para la explotación comercial de minerales críticos. Los minerales como el litio, escandio y cobalto, esenciales para tecnologías limpias, incluidas las baterías, turbinas eólicas y paneles solares, se encuentran en abundancia en estas profundidades​​​​​​.

El Ministro de Petróleo y Energía de Noruega, Terje Aasland, destacó la importancia de estos recursos para la transición verde, señalando que “necesitamos minerales para tener éxito con la transición verde”. La iniciativa se estima que podría generar aproximadamente 20,000 nuevos empleos y se valora en unos $100 mil millones​​.

Sin embargo, esta aprobación ha provocado una oleada de críticas por parte de grupos ambientalistas y científicos. Más de 800 expertos han firmado una declaración instando a una pausa global en la minería en aguas profundas, advirtiendo sobre posibles daños “irreversibles” al ecosistema marino. Organizaciones como WWF y Greenpeace han calificado la decisión de “catastrófica” para la vida marina​​​​.

La Unión Europea y el Reino Unido, que han abogado por una moratoria en la práctica, expresaron su preocupación por el impacto potencial en la biodiversidad marina y la pesca. Esto pone a Noruega en desacuerdo con sus vecinos y resalta la tensión entre la necesidad de recursos para tecnologías limpias y la protección de los ecosistemas vulnerables​​​​.

La minería en aguas profundas representa un dilema complejo para el futuro de la sostenibilidad. Por un lado, ofrece una solución potencial a la creciente demanda mundial de minerales críticos para el desarrollo tecnológico. Por otro, presenta riesgos significativos para los delicados ecosistemas marinos, cuyos impactos completos aún no se comprenden completamente​​​​.

A medida que Noruega avanza con sus planes, el mundo observa atentamente, ponderando los beneficios de esta nueva frontera de extracción de minerales contra las posibles consecuencias ambientales a largo plazo. Esta decisión podría marcar un antes y un después en cómo los países equilibran el progreso tecnológico con la conservación del medio ambiente.