Un increíble hallazgo de investigación franco-chilena logró ser portada de la prestigiosa revista científica Science el pasado 29 de julio. El estudio, que tiene como coautora a Marie Laure Guillemin, profesora de la Universidad Austral de Chile, reconsidera la teoría de cómo entendemos la reproducción de las algas. 

En el océano, la fecundación de los organismos sésiles -que viven adheridos al fondo marino- ocurre generalmente gracias a las corrientes marinas. Por lo que también se asume que los organismos sésiles como las algas, tienen una capacidad de dispersión limitada. 

Ya es de conocimiento sobre los agentes polinizadores de los océanos y la importancia de las interacciones biológicas con otros organismos para lograr la fecundación. Pero siempre se planteó que algunos crustáceos -que cumplen las funciones de polinizar- dependían de las corrientes marinas para ser transportados a otras algas rojas. Sin embargo, la investigación dio a conocer el increíble hallazgo de un crustáceo isópodo Idotea balthica, el cual favorece la reproducción de la Gracilaria gracilis, comúnmente conocida como alga roja.

“Este descubrimiento sugiere un origen más antiguo de la polinización animal, que podría haber evolucionado antes de que las plantas llegaran a tierra”, comentó Guillemin. Pensar que existen patrones claros en la interacción entre animales y plantas durante el proceso de la polinización terrestre, en donde el 90% depende de la fauna y el 10% restante lo finaliza el viento. Pero en el caso de la polinización submarina siempre se pensó que el 100% dependía de las corrientes y no de la transportación de gametos masculinos que se observaron en las algas rojas. 

Se estarán preguntando ¿Cómo es el proceso de fecundación o polinización del Idotea Balthica en las algas rojas? Las y los investigadores estudiaron de manera exhaustiva el comportamiento de este pequeño crustáceo presente en pozas rocosas del Canal de la Mancha, Europa. Lograron observar que durante las mareas bajas, los pequeños crustáceos se mueven lentamente entre algas alimentándose de biofilm y otras plantas de superficie; y cuando la marea vuelve a subir comienza el acto mágico: se aferran fuertemente a las algas con ganchos que salen de sus patas.

El proceso de fecundación no solo se da de forma indirecta, aseguraron las investigadoras Emma Lavaut y Myriam Valero a El Mostrador, sino que también “mediante el transporte de espermatozoides pegados en su cuerpo desde los machos hacia las hembras, lo que incluso pudimos grabar en videos”.

“Este hallazgo destaca la importancia de preservar no solo las especies dentro de los ecosistemas, sino también las interacciones entre especies”, concluyó el rector de la casa de estudio del sur de nuestro país.

Lee el paper acá:  https://www.science.org/doi/10.1126/science.abo6661